El «Detalle Navideño» de Amado: Coatzacoalcos, una ciudad envuelta en ruinas y mierda
24 Dic 2025
Coatzacoalcos ya no huele a mar, huele a mierda
Mientras otras administraciones se conforman con la mediocridad de inaugurar parques o pavimentar calles, el alcalde Amado Cruz Malpica ha decidido ser mucho más vanguardista. Con una generosidad que raya en lo patológico, ha entregado a los habitantes de Coatzacoalcos un obsequio que no necesita moño, porque su aroma se detecta a kilómetros: una combinación magistral de mierda y destrucción.
El arte de la arqueología urbana
No se confunda el ciudadano de a pie. Esos socavones que devoran neumáticos y esperanzas no son falta de mantenimiento; son ventanas arqueológicas que el alcalde ha abierto para que recordemos cómo era la tierra antes de la civilización. Coatzacoalcos ya no es una ciudad, es un «campo de entrenamiento de obstáculos» diseñado para que solo los más aptos (o los que tienen camionetas blindadas pagadas por el erario) logren llegar a su destino.
La destrucción es total y democrática. No discrimina colonias. Es una estética de la desolación donde el concreto se rinde ante la desidia de una administración que parece gestionar la ciudad desde una realidad alterna, o quizás desde un búnker donde el polvo y el escombro no ensucian los zapatos de seda.
Un legado con fragancia propia
Pero el verdadero «toque maestro» de Malpica no es visual, es olfativo. El sistema de drenaje de la ciudad ha dejado de ser una infraestructura oculta para convertirse en un perfume ambiental permanente. La mierda, en el sentido más literal y escatológico de la palabra, brota de las alcantarillas como un recordatorio constante de quién está al mando.
Es un regalo sensorial. Mientras el discurso oficial habla de «transformación», el ciudadano respira la realidad: un cóctel de aguas negras que baña las esquinas y que parece ser la única inversión fluida de este ayuntamiento. Es, sin duda, la forma más honesta que ha encontrado el alcalde para decirnos qué piensa realmente de quienes votaron por él.
El envoltorio del fracaso
Amado Cruz Malpica pasará a la historia, no como el constructor de un futuro, sino como el arquitecto del desperdicio. Su legado es un Coatzacoalcos que se cae a pedazos mientras él observa desde la comodidad del presupuesto, asegurándose de que la única cosa que no se destruya en esta ciudad sea su capacidad para ignorar el desastre que él mismo ha cultivado.
¡Felicidades, Coatzacoalcos! El regalo ya está en la puerta, huele a cloaca y tiene forma de bache profundo. Disfrútenlo, porque el mantenimiento no viene incluido.
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