¿Primero los pobres?
17 Jun 2026
Opinión de Carolina Viggiano | El Heraldo de México |
Hay instituciones que no aparecen en las conferencias mañaneras, no generan aplausos en redes sociales y rara vez ocupan los titulares. Sin embargo, sostienen silenciosamente derechos fundamentales de millones de mexicanos. Una de ellas es el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE).
Seguramente usted ha visto esos letreros sencillos, colocados sobre una tablita o un pedazo de lámina. Muchos son elaborados por los propios jóvenes instructores o por los padres de familia para identificar un servicio educativo comunitario. La próxima vez que vea uno, no olvide que detrás de ellos hay una historia de esfuerzo y compromiso.
Creado en 1971, el CONAFE lleva más de medio siglo haciendo realidad algo que en muchas regiones del país sigue siendo un enorme desafío: que las niñas y los niños más pobres de México tengan acceso a la educación sin importar dónde nacieron.
De acuerdo con cifras oficiales de 2025, atiende a más de 638 mil personas en pequeñas comunidades de alta y muy alta marginación. Su presencia alcanza localidades indígenas y rurales donde, por el tamaño de la población o el aislamiento geográfico, una escuela convencional simplemente no sería viable.
Por eso, pocas instituciones representan mejor el principio que hoy se utiliza como lema político, pero que el CONAFE practica desde hace más de medio siglo: primero los pobres.
Las becas son importantes. Ayudan a muchas familias y contribuyen a que niñas, niños y jóvenes permanezcan en la escuela. Pero también es necesario decir una verdad que parece haberse olvidado: una beca no sustituye a un maestro, una escuela ni garantiza por sí sola el aprendizaje.
Educar implica mucho más que transferir dinero. Implica formar, acompañar, enseñar y generar oportunidades de movilidad social.
El año pasado, jóvenes instructores de educación comunitaria del CONAFE denunciaron la falta de pago de los apoyos económicos que reciben. Son jóvenes que dejan sus hogares para trasladarse a comunidades apartadas y garantizar que miles de niñas y niños puedan ejercer su derecho a la educación. En muchos casos, esa experiencia también transforma sus propias vidas. Descubren que su esfuerzo puede cambiar el destino de una familia o de una comunidad. Es una labor profundamente humana y pocas veces reconocida. Sin embargo, cada vez es más difícil encontrar jóvenes dispuestos a asumir esa responsabilidad. No porque falte vocación, sino porque muchas veces el país parece valorar menos la tarea de enseñar a los niños más pobres de México. Mientras distintos programas ofrecen apoyos cada vez mayores, quienes llevan educación a las comunidades más apartadas reciben incentivos insuficientes. Es una realidad que merece revisarse. En miles de comunidades rurales e indígenas, el problema no es elegir entre una escuela regular y el CONAFE. La verdadera disyuntiva es mucho más dura: CONAFE o ninguna escuela. Si de verdad creemos en el principio de “primero los pobres”, habría que empezar por fortalecer a la institución que lleva más de medio siglo educando a los niños más pobres de México. Pero también por reconocer y apoyar mejor a los jóvenes que hacen posible esa misión. Porque donde otros no llegan, llega el CONAFE. Y donde llega el CONAFE, muchas veces llega la única oportunidad de romper el ciclo de pobreza. Por Alma Carolina Viggiano Austria @caroviggiano Senadora y Secretaria General del PRI