Coatzacoalcos… El óxido de la desidia política y el panteón de los millones
4 Ago 2026
A pesar de su envidiable ubicación en el Golfo de México, la ciudad enfrenta un rezago en infraestructura turística, retos de seguridad y problemas de desarrollo urbano que limitan su competitividad frente a otros puertos veracruzanos o del país.
Opinión de David Sánchez Sosa |
Las obras públicas son, indiscutiblemente, el testamento en concreto y acero de cualquier administración. Sin embargo, cuando la clase política confunde la inauguración con el mantenimiento, las ciudades terminan convertidas en cementerios de promesas. Esto es exactamente lo que ocurre hoy en Coatzacoalcos, una urbe donde el salitre no es el único agente corrosivo; la miopía gubernamental ha demostrado ser mucho más destructiva, devorando uno a uno los íconos turísticos y espacios públicos que alguna vez dieron identidad a este puerto veracruzano.
Para entender la magnitud del fracaso institucional en Coatzacoalcos, basta con seguir el rastro de la aplicación presupuestal y contrastarlo con la realidad que enfrentan los ciudadanos cada día.
Tomemos como punto de partida el Hemiciclo a los Niños Héroes. Inaugurado el 1 de septiembre de 2021 por el entonces alcalde Víctor Carranza Rosaldo, este proyecto se vendió como el pináculo de la modernidad porteña. La danza de los millones fue ostentosa: se invirtieron 34 millones 765 mil 325.42 pesos. El desglose técnico prometía un paraíso urbano, 601.50 metros cuadrados de fuentes interactivas, 3 mil 141.60 metros cuadrados de plazas y andadores, y 2 mil 429.30 metros cuadrados de zonas ajardinadas e infraestructura verde. Las fuentes danzantes serían el magneto definitivo para el turismo. Hoy, a escasos años del corte de listón, la estampa es desoladora. Muchas de esas amenidades simplemente ya no existen. El agua dejó de danzar cuando los reflectores de la inauguración se apagaron, evidenciando que en la política local es más rentable construir para la foto que presupuestar para la conservación.
Pero el relevo administrativo no trajo consigo un cambio de paradigma. Bajo la gestión del alcalde, Amado Cruz Malpica, la narrativa del abandono se recrudeció, sumando al paisaje un catálogo de omisiones imperdonables. El Programa Municipal de Desarrollo 2022-2025 contemplaba una ciclovía que abarcaría los dos arroyos vehiculares. La realidad, sin embargo, entregó una obra a medias, construida de un solo lado y hoy relegada al olvido; un símbolo perfecto de las políticas públicas incompletas que padece la ciudad.
La desidia institucional no solo golpea la infraestructura nueva, sino que aniquila la memoria histórica y la identidad del porteño. La pirámide olmeca y su museo, que debieron ser un bastión cultural de nuestras raíces, han sido borrados del mapa; yacen en la ruina total. De igual forma, las históricas ametralladoras antiaéreas de la Armada, mudos testigos de otra época, terminaron siendo consumidas por la herrumbre ante la mirada indiferente de las autoridades.
Quizá la metáfora visual más cruda de esta administración sea el destino de la famosa banca Ola Neko. En lugar de apostar por una restauración que dignificara el espacio, el gobierno de Cruz Malpica simplemente dejó que la intemperie hiciera su trabajo hasta pudrirla. Hoy, de aquella banca solo queda una vergonzosa mancha de óxido en el suelo; un recordatorio imborrable de la inoperancia.
Este abandono sistemático se extiende como una metástasis por toda la ciudad. El Malecón Costero, principal vitrina de Coatzacoalcos hacia el Golfo de México, exhibe un deterioro total. El emblemático Parque Independencia se cae a pedazos, mientras que la Alameda sufre las consecuencias de una renovación poco profesional, acelerando su declive por la absoluta falta de mantenimiento. Por su parte, el Parque Miguel Hidalgo se alza sin inversión alguna como un rotundo elefante blanco, el Paque Infantil de Playa Sol, también tiene un lúgubre escenario, la corrosión lo tiene en plena hecatombe.
Y si de contrastes hablamos, el majestuoso Túnel Sumergido ofrece la síntesis perfecta del Coatzacoalcos contemporáneo, una obra colosal que, al cruzarla, te escupe de golpe a una realidad cruda donde el encanto simplemente se acaba.
Desde el análisis político, la tragedia de Coatzacoalcos no radica únicamente en los millones de pesos tirados a la basura, sino en el profundo desdén hacia la calidad de vida de sus habitantes. Un gobierno que no puede mantener un parque o restaurar una banca, difícilmente podrá articular una estrategia de desarrollo económico y seguridad que atraiga al turismo.
La clase política local tiene una enorme deuda con la ciudadanía. Mientras las autoridades sigan viendo los espacios públicos como un gasto prescindible y no como el tejido vital que une a una sociedad, Coatzacoalcos seguirá navegando a la deriva, viendo cómo su historia, sus millones y su futuro terminan convertidos, inexorablemente, en manchas de óxido frente al mar.
Un barco a la deriva: la corresponsabilidad política y el deber de la ley
Ante este panorama desolador, la responsabilidad no admite matices partidistas. El Coatzacoalcos de hoy es el resultado acumulado de una cadena de irresponsabilidades donde tanto los administradores del PRI como los propios correligionarios del movimiento gobernante colocaron sus respectivos ladrillos de negligencia. El colapso urbano no surgió por generación espontánea; se construyó trienio a trienio, cuatrienio a cuatrienio mediante la complicidad del silencio y la falta de continuidad.
En medio de esta tormenta, la administración actual encabezada por Pedro Miguel Rosaldo García enfrenta la titánica tarea de «remar con lo que le dejaron», intentando sostener a flote un barco profundamente averiado por los vicios del pasado. Sin embargo, administrar la crisis no puede traducirse en convertirse en tapadera de nadie.
La ciudadanía exige mucho más que buenas intenciones para «rescatar el puerto»; exige rendición de cuentas. La gobernabilidad y la ética pública no se construyen sobre el borrón y cuenta nueva. Para quienes hayan incurrido en omisiones, desvíos o negligencia —tengan responsabilidad penal o administrativa—, se les debe aplicar la ley tal cual, sin miramientos, distinciones ni amiguismos políticos.
Si verdaderamente se busca reconstruir el tejido social de Coatzacoalcos, el primer paso irrenunciable debe ser la justicia. De lo contrario, cualquier esfuerzo de rehabilitación será apenas un parche temporal sobre una herida abierta por la impunidad.
En su discurso de toma de protesta, Pedro Miguel Rosaldo dijo con emoción: “A partir de este momento, cada decisión de este gobierno, estará orientada a procurar, conseguir y mantener un verdadero estado de bienestar”, refiriéndose a él, como el encargado de hacer frente al rezago urbano acumulado y asumir el compromiso de reconstrucción edilicia en Coatzacoalcos. El tiempo será el testigo y el juez.
FRAGMENTOS
Tan cerca de quien asigna el presupuesto deportivo, pero, tan lejos para su adjudicación. A uno lo embellecen, al otro, lo dejan desmoronarse. Gimnasio 20 de Noviembre vs Unidad Deportiva “Margarita Maza de Juárez”.
Cutberto Sánchez García, el recomendado que no funciona. En su primer día de labores, después de una larga temporada en la banca, agazapado en el edifico anexo del palacio municipal, extinguió la jornada laboral.
El Ayuntamiento no tiene los mejores perfiles, Pedro Miguel Rosaldo contrató a funcionario que reprobó examen de evaluación sobre sus conocimientos y desempeño para ser magistrado en Veracruz, antes de la entrada en vigor la reforma judicial, en 2024.