Crónica de una dictadura anunciada
1 Jun 2026
Opinión de Saraí Uribe Gutiérrez | El Heraldo de México |
México no está viendo venir una dictadura. La está normalizando.
Las dictaduras modernas ya no entran por la puerta principal con soldados y fusiles. Ahora avanzan como humedad dentro de una casa: silenciosas, lentas, casi imperceptibles. Se filtran hasta que un día el país entero descubre que vive respirando moho, y ya no recuerda cómo olía la libertad.
El mecanismo siempre comienza igual. Primero se debilitan los contrapesos. Después se erosiona la verdad. Y al final, el ciudadano pierde libertades sin notar cuándo pasó.
México atraviesa una crisis demasiado profunda como para fingir normalidad. Más de 46 millones de personas viven en pobreza. Tan solo en 2024, el gobierno destinó más de 534 mil millones de pesos a programas sociales para millones de beneficiarios. Pero ningún apoyo bimestral detiene el avance del crimen, ni resuelve hospitales saturados, o el desabasto de medicamentos en un sistema donde el IMSS dejó sin surtir más de 11 millones de piezas, mientras Birmex destruyó medicinas caducadas valuadas en más de mil millones de pesos.
La inseguridad dejó de ser excepción para convertirse en rutina. La extorsión creció hasta 50% en los últimos años. Estado de México, Michoacán, Guanajuato, Morelos y Colima concentran las tasas más altas. En muchas regiones, el crimen organizado decide quién abre un negocio, quién trabaja y cuánto paga. Más de 120 mil desaparecidos pesan sobre el país como una herida abierta.
Mientras tanto, el poder sigue pintando murales de prosperidad sobre paredes que se están desmoronando.
Y para sostener su narrativa hace falta controlar el espejo.
El periodismo incómodo es eso: un espejo. Y ningún gobierno con tentaciones autoritarias soporta mirarse demasiado tiempo en él. La historia latinoamericana lo confirma. Hugo Chávez desacreditó periodistas y en menos de una década sacó del aire a medios como RCTV y Globovisión, argumentando manipulación mediática. Daniel Ortega en Nicaragua encarceló a Víctor Ticay luego de una cobertura religiosa, censuró a cronistas deportivos y periodistas como Carlos Fernando Chamorro y medios como Confidencial. La receta nunca cambia: primero convierten la crítica en traición, y luego regulan por “el bien de la sociedad”. Decir la verdad tiene un precio alto. México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Más de 150 periodistas asesinados desde el año 2000 son una advertencia escrita con sangre. ¿Qué otras señales tendrán que pasar frente a nuestros ojos? Cuando el poder comienza a decidir qué verdad puede decirse y cuál debe callarse, la libertad deja de pertenecerle al ciudadano. Las dictaduras no aparecen de un día para otro. Se incuban lentamente en la costumbre del silencio. Las dictaduras no nacen de golpe. Se anuncian. POR SARAHI URIBE GUTIÉRREZ PERIODISTA X E IG: @SARAHIURIBEG