La huida de la clase media
11 Nov 2025
Opinión de Fernando Rodríguez | El Heraldo de México |
La clase media mexicana está en retirada. No por falta de talento, sino por agotamiento. Durante años fue el motor silencioso del país: trabajó, pagó impuestos, sostuvo la educación privada cuando el Estado abandonó la pública, compró casas sin subsidios y financió con su consumo la estabilidad económica. Hoy, ese segmento que sostuvo la transición democrática y el desarrollo urbano se siente traicionado.
El actual régimen ha convertido a la clase media en su adversario ideológico. Desde el poder se le acusa de “aspiracionista” -neologismo de suyo despectivo- como si aspirar a vivir mejor fuera un pecado o un delito. En el discurso oficial, la clase media no es un aliado del progreso, sino un obstáculo político. Y mientras se le estigmatiza, sus condiciones de vida se deterioran. Los salarios reales se estancan, la inflación erosiona el ahorro, los servicios públicos colapsan y los impuestos indirectos la asfixian.
La huida de la clase media no siempre es física, aunque también: familias que emigran a Estados Unidos o Canadá, profesionistas que buscan oportunidades fuera del país. Pero, sobre todo, es una huida interior que tiene que ver con el desencanto, la resignación, el repliegue cívico, y con dejar de creer en el mérito porque el Estado ha renunciado a premiarlo. El mensaje político dominante no es “trabaja y progresa”, sino “resígnate y agradece”.
El resultado es una sociedad más polarizada, más pobre y más dependiente. Desde Aristóteles se sabe que sin clase media fuerte no hay estabilidad política ni desarrollo económico. La clase media no solo genera riqueza, sino que también produce ciudadanía. Es la que exige rendición de cuentas, la que sostiene la libertad de prensa, la que financia la educación superior y mantiene vivos los espacios públicos. Su debilitamiento es el debilitamiento del país mismo.
El problema es económico, pero también es cultural. En lugar de fortalecer a quienes crean valor, el gobierno premia la dependencia. El subsidio sustituye al esfuerzo y la dádiva reemplaza al trabajo. Se ha confundido justicia social con paternalismo, y redistribución con castigo al mérito.
La huida de la clase media es, en realidad, el síntoma de un país que dejó de creer en el futuro. Cuando el progreso deja de ser posible, la ciudadanía se repliega y el Estado se empobrece. México corre el riesgo de perder no solo su equilibrio económico, sino su equilibrio moral, es decir, el que se sostiene en la idea de que el trabajo, la educación y la responsabilidad pueden cambiar una vida.
Recuperar a la clase media no es cuestión de subsidios, sino de respeto. De devolverle al ciudadano su autonomía y su dignidad. De entender que, sin ese núcleo productivo, crítico y libre, no habrá democracia que resista ni nación que prospere.
POR FERNANDO RODRÍGUEZ DOVAL
POLITÓLOGO
@FERDOVAL